viernes, 26 de marzo de 2010

"BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR"


Vamos llegando al final del itinerario de la Cuaresma. Con el domingo de Ramos entramos en la Semana Santa, la semana céntrica de la Iglesia y de la vida de todos nosotros. En esta semana contemplaremos la entrega libre y consciente de Jesús en el Cenáculo y en el Calvario, entrega y donación que culminan y tienen su cumplimiento en la Resurrección.
Hoy, domingo de Ramos, conmemoramos la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de un pollino, aclamado por las multitudes. Con esta acción simbólica, Jesús se manifiesta como Mesías, pero no un Mesías prepotente o político, sino humilde, sencillo y portador de Paz. Jesús es consciente de que este gesto lo llevará a la muerte, pero él cumple con firmeza la voluntad del Padre.
La gente proclamaba: “Bendito el que viene en nombre del Señor”. También nosotros cada vez que celebramos la Eucaristía aclamamos a Jesús con las mismas palabras, en el canto del “Santo, santo, santo...” Intentemos ser más conscientes de que Aquel que se hace presente con las palabras de la consagración, es el mismo Jesús que aclamaba la gente, y que ahora viene a nosotros ofreciéndonos su paz, su vida, su salvación... Los fariseos quieren intentar acallar a los seguidores de Jesús; es imposible, quien ha conocido a Jesús, lo ama y lo sigue, no puede dejar de anunciar su mensaje y de ser su testigo, sea con la palabra o bien con la vida de cada día.
Preparémonos a vivir con intensidad esta semana, que culminará en la grande y solemne fiesta de Pascua, la Resurrección del Señor.

viernes, 19 de marzo de 2010

"TAMPOCO YO TE CONDENO"


Vamos avanzando en el camino cuaresmal y nos encontramos ya en el quinto domingo. El evangelio empieza diciéndonos: “Jesús se retiró al monte de los olivos”. Jesús se retiraba a orar, a estar con el Padre, a escucharlo, a amarlo y a dejarse amar, a descansar y a abandonarse a Él. Y cuando volvía en medio de sus hermanos, los miraba y los valoraba desde el Padre.
Después, el evangelio nos describe la escena de la mujer adúltera, escena que impresiona.
Llegan los doctores de la ley y los fariseos, falsamente vestidos de defensores de la ley, con la intención de desacreditar y acusar a Jesús, sirviéndose del pecado de una infeliz. Es una actitud detestable. Insisten en que Jesús se pronuncie y Jesús habla. La persona de Jesús brilla humilde y diáfana, con la verdad y misericordia que le son tan propias. Jesús no ve en la adúltera a una pecadora que se tiene que condenar sino a una persona creada por el Padre, que ha caído y ha perdido su dignidad, a quien hace falta ofrecer perdón, ayuda, amor. Y esto es lo que hace: "Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más."
Jesús quiere que miremos como Él a los hermanos que fallan y caen: una mirada de comprensión, de perdón, de misericordia y de amor. Quiere que les demos la mano para ayudarlos a levantarse y los animemos a seguir adelante.


En esta última semana de Cuaresma, dejémonos mirar por Jesús y nos sabremos comprendidos, queridos, valorados por Él, en el más íntimo de nosotros mismos.

viernes, 12 de marzo de 2010

"SU PADRE LO VIÓ Y SE CONMOVIÓ"


En el cuarto domingo de Cuaresma nos encontramos en el evangelio con la entrañable parábola del hijo pródigo. Os invitamos a escucharla y a leerla como si fuera la primera vez que lo hacemos, dejándonos impresionar por cada aspecto de esta profunda parábola e intentando situarnos en el interior de cada uno de los personajes.

El mensaje que Jesús quiere dar a sus contemporáneos y hoy a nosotros es muy claro: el Padre es un padre que ama entrañablemente a sus hijos por más que se hayan apartado de él o que se hayan distanciado. Delante de la actitud del hijo pequeño, la reacción del padre es conmovedora impresionante: espera constantemente la llegada de su hijo, no pregunta nada, no quiere explicaciones, no cuestiona, no juzga... al contrario, recibe con una alegría inmensa al hijo alejado y degradado que vuelve, celebra una fiesta en su honor, le devuelve la dignidad de hijo perdida... todo queda borrado y perdonado. Es mucho mayor la alegría de haber recobrado al hijo que no lo que haya podido hacer.
Como contraste, el hermano mayor no lo entiende: ¿por qué el padre está actuando así? ¿no se merecería su hermano pequeño un buen castigo y una buena condena por lo que ha hecho? El hermano mayor no ha entendido nunca lo que le dice su padre: “todo lo mío es tuyo”; ha vivido siempre a su lado y no ha sabido valorar ni ha apreciado suficientemente la amorosa presencia de su padre.
De esta manera actúa Dios, como el padre de la parábola. Un Dios sorprendente y maravilloso que siempre nos espera, que no juzga, que acoge, que perdona, que ama incansablemente y que nos invita a hacer fiesta para cada uno de nuestros hermanos que vuelven al hogar.
Con la mirada puesta en el amor y la ternura del Padre que Jesús nos descubre y nos revela, vamos caminando hacia la Pascua.

viernes, 5 de marzo de 2010

"SI NO OS CONVERTÍS..."


En el próximo domingo, el tercero de cuaresma, el evangelio nos recuerda con fuerza el llamamiento a la conversión. El miércoles de ceniza Jesús se dirigía a cada uno de nosotros diciéndonos: “conviértete y cree en el evangelio”.

Han pasado casi tres semanas y Jesús nos vuelve a decir hoy: “si no os convertís”, si no giráis vuestra mirada y vuestra vida hacia mí, si no escucháis mi Palabra y os esforzáis por vivirla, si no os amáis sinceramente como yo os he amado, “todos pereceréis lo mismo”, es decir, viviréis en la insatisfacción, en la tristeza, en el sin sentido de la vida, en la desesperanza...
Por esto Jesús insiste y quiere que nos convirtamos porque desea que seamos personas felices, portadoras de paz, de alegría, de reconciliación, de amor... La expresión “si no os convertís...” no es una amenaza, - ¡ni mucho menos!-, sino el deseo vivo de Jesús de que vivamos unidos a Él.
Jesús nos conoce, conoce nuestra poca respuesta, nuestras debilidades, el “poco fruto” que damos... Ante esta realidad nos muestra el incansable amor del Padre en la figura del “Viñador”. Pese a que la higuera no da fruto, el Viñador todavía volverá a cavarla, a echarle estiércol, a cultivarla. Este amor paciente, fiel, benigno del Padre hacia todos nosotros tendría que impulsarnos y estimularnos a convertirnos cada día, a caminar dichosamente y sinceramente hacia Aquel que tanto nos ama.
Con esta esperanza, sigamos recorriendo el camino hacia la Pascua.

jueves, 25 de febrero de 2010

"ESTE ES MI HIJO, ESCUCHADLE"


En este segundo domingo de Cuaresma la Iglesia nos presenta el texto evangélico de la Transfiguración de Jesús.
Jesús había anunciado a sus discípulos que se dirigía hacia Jerusalén, hacia la Pasión y Cruz, y estos se habían asustado. En este contexto, Jesús toma a Pedro, Santiago y Juan y se los lleva “a lo alto de la montaña”. Jesús se lleva a los tres discípulos a un lugar solitario y silencioso porque sólo en un clima de oración y de silencio lo podrán experimentar transfigurado. La oración personal es el camino para conocer vivencialmente a Jesús.
Las palabras del Padre no iban dirigidas sólo a Pedro, Santiago y Juan, sino también a todos nosotros que hoy leemos o escuchamos el evangelio. También a cada uno de nosotros el Padre nos dice: "Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle”.

“Este es mi Hijo, el escogido”, es decir: “este es quien siempre hace mi voluntad, el que ama y perdona incansablemente, quien alienta y anima, quien está siempre a tu lado…”
“Escuchadle”: “escúchalo porque te conducirá por el camino de la paz, de la entrega y del servicio, de la vida, de la alegría... Escúchalo y déjate guiar por Él”.

Sigamos caminando hacia la Pascua sabiendo que Jesús va delante nuestro y que nos precede en nuestro camino.

viernes, 19 de febrero de 2010

CONDUCIDO POR EL ESPÍRITU, SE INTERNÓ EN EL DESIERTO


En el primer domingo de Cuaresma, el evangelio nos muestra Jesús en el desierto. El desierto es lugar de silencio, de soledad, para encontrarse con un mismo y con Dios. Jesús se dirige al desierto conducido por el Espíritu. Jesús se interna en el desierto, en la “’escuela de Dios”, una larga temporada (número cuarenta, número simbólico). Jesús va al desierto, lugar de silencio y de soledad, para abrirse más a Dios, dejarse hacer y prepararse para su misión.
El evangelista nos dice que Jesús fue tentado. Como toda persona, Jesús “experimenta” la posibilidad de hacer o dejar de hacer la voluntad de Dios, de escuchar la Palabra y vivirla o de prescindir de ella, de seguir buscando a Dios o de instalarse... Pero Jesús supera todas las tentaciones y pruebas porque se apoya fielmente en dos grandes realidades: el Espíritu y la Palabra, de ellos obtiene la luz y la fuerza por seguir su camino hacia el Padre.
Además de este desierto material, geográfico, Jesús atravesará otros desiertos a lo largo de su vida. Son desiertos de otro tipo: el de la incomprensión y de la soledad, el de la persecución y del dolor... Pero de todos ellos salió victorioso porque Jesús es el hombre del Espíritu y de la Palabra. Jesús puede hacer frente a las pruebas que le pone el tentador porque quiere hacer, por encima de todo, aquello que agrada al Padre. Nada puede desviarlo de su camino ni de su misión de dar a conocer Dios a los hermanos y hermanas de su tiempo. Jesús no se deja desencaminar, responde al tentador con firmeza y decisión, siempre con palabras de la Escritura.


También nosotros atravesamos por muchos “desiertos” a lo largo de nuestra vida, nos cansamos y tenemos ganas de no seguir andando. Jesús debe ser nuestro modelo cuando nos encontramos en momentos difíciles, cuando nos sentimos presionados por todo y por todas partes y nos cuesta seguir adelante. Jesús nos ha precedido, sigamos sus huellas hasta llegar al triunfo definitivo de la Pascua.

lunes, 15 de febrero de 2010

CUARESMA: CAMINO HACIA LA PASCUA


Estamos a punto de empezar un año más el tiempo de Cuaresma. Cuarenta días en qué se nos invita a caminar con gozo y con alegría hacia la próxima Pascua. Cuarenta días en qué se nos invita a acercarnos más a Dios escuchando más intensamente su Palabra, recibiéndolo con ilusión renovada en los sacramentos, para llegar al final de este trayecto a celebrar nuevamente con gozo exultante la Resurrección del Señor.
La Iglesia nos propone el tiempo cuaresmal para que revisemos a fondo nuestro compromiso con Jesucristo y lo renovemos en la Vigilia Pascual. Es un tiempo también para revisar nuestra relación con los demás: nuestro servicio, nuestro trato con ellos, nuestra acogida…
Empezamos la Cuaresma con el miércoles de ceniza; este día obre la puerta a este tiempo de revisión serena y de reflexión. El miércoles de ceniza se puede comparar a una flecha; toda flecha apunta a la diana, a un objetivo. El miércoles de ceniza, como una flecha, apunta a la Pascua. Es necesario que iniciemos el recorrido cuaresmal teniendo presente nuestra meta: la Pascua, y, más concretamente, renovar y reafirmar, con confianza y alegría nuestro compromiso como cristianos.


Os invitamos a recorrer con nosotros estas semanas a través de la lectura y reflexión del evangelio de cada domingo. Una trayectoria que nos llevará a la gran fiesta del triunfo de Jesucristo, que es también nuestro triunfo.