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martes, 20 de octubre de 2015

EL MISTERIO DE NUESTRA FE



Poco a poco vamos avanzando en cada aspecto de la celebración de la Eucaristía, el alimento de nuestro camino.
Después del momento central de la Consagración, el sacerdote dice: “Este es el misterio de nuestra fe”. ¿Qué nos está diciendo en realidad? Con esta invitación, se nos anima a expresar que lo que tenemos en el altar bajo la apariencia del pan y del vino es Jesús mismo. Es realmente un “misterio”, una realidad escondida a nuestros ojos, y objeto de nuestra “fe”, creemos firmemente que este es Jesús.
Para reafirmarlo, la comunidad reunida responde lo siguiente: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús”.
Con esta expresión afirmamos que estamos actualizando la Muerte y la Resurrección de Jesús. Desde la fe, estamos viviendo en el mismo Calvario, en aquel supremo momento de la Muerte de Jesús, como si  estuviéramos realmente presentes. A la vez, reafirmamos la actualización de la Resurrección de Jesús con el vivo deseo de participar de Él y de su Vida.
En este momento de la celebración estamos diciendo a Jesús que se manifieste, que se deje notar, que nos penetre, que nos atraiga hacia Él.
Intentemos ser conscientes cuando celebramos la Eucaristía y que  sepamos responder con nuestro amor sincero.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

LA ENTREGA DE JESÚS Y LA NUESTRA



Con el deseo de ir penetrando todavía más en este momento central de la celebración, reflexionemos un poco más sobre la entrega de Jesús, que se actualiza cada vez que participamos en la Eucaristía. El deseo de Jesús es que su actitud se actualice y que se haga presente a todo el mundo por medio de las personas que quieren amar y entregarse tal como Él lo hizo. La entrega de Jesús es ilusionada; tiene una mirada universal; desea renovar cada persona y abrazar a todos; quiere permanecer presente en medio de todos los hombres y mujeres del mundo...
La voluntad de Jesús es que su entrega en la Eucaristía se actualice para que tengamos “vida en abundancia”, para que nos sepamos amados por Él y para que experimentemos el gozo pleno de su Resurrección.
Jesús Resucitado está presente dentro de cada uno de nosotros. Con Él seremos sus testigos; con Él no tendremos miedo de nada ni de nadie; con Él seremos instrumentos de paz y de unidad...
Si celebramos y actualizamos la radical entrega de Jesús, también nosotros nos entregaremos, con Él y como Él, a todas aquellas personas que lo necesiten.

miércoles, 5 de agosto de 2015

EL DON DE SU MISMA VIDA



Sigamos adentrándonos en este momento central de la celebración, un momento en que nos hace falta la luz del Espíritu para poder captar algún aspecto de la tensión emocional de Jesús.
Para las personas de aquella cultura, la sangre era la misma vida. Con esta visión tenemos que intentar entender la intencionalidad de Jesús: quiere darnos su propia vida para que vivamos tal como Él vivió: sirviendo, amando, perdonando, entregándose hasta el extremo...
Siempre que actualizamos el Misterio pascual, quedamos renovados y perdonados y más comprometidos a vivir tal como Jesús vivió. Su acción transformadora nos renueva y nos capacita para hacerse presente a los demás a través nuestro ya que, desde el Calvario, Jesús se convierte en perdón universal renovando a cada persona y al mundo entero. Este es el deseo profundo de Jesús: que sus mismas actitudes se actualicen en cada uno de nosotros y que se hagan presentes en todo el mundo.
Intentemos ser conscientes de ello cada vez que nos acercamos a celebrar el sacramento de la Eucaristía.

martes, 21 de julio de 2015

TOMAD Y COMED...



El siguiente paso en la celebración de la Eucaristía es la Consagración. Las palabras de la Consagración expresan la voluntad de Jesús de que todos deseemos tomar y comer su propia Persona porque quiere ser el centro de nuestra vida y la fuente de nuestra felicidad. Jesús es la plenitud de la vida y nos invita a participar de su misma vida. Por eso nos insiste a alimentarnos de Él mismo con su Persona Eucarística: “Tomad y comed todos”.
Es deseo de Dios que entremos dentro de los sentimientos de Jesús siempre, pero de una manera especial en aquel momento de la Cena en que quiso quedarse con nosotros antes de su Muerte y Resurrección; momento que sacramentalmente actualizamos tantas veces como el sacerdote consagra el pan y el vino: “Haced esto en memoria mía”.
Podemos imaginarnos a Jesús en la última cena siendo consciente de lo que aquello significaba para sus discípulos, para Maria, su madre, y para todo el mundo.
Intentemos, en la celebración de la Eucaristía, contemplar a Jesús en aquel momento eterno, y penetrar en lo más íntimo de su ser.

jueves, 25 de junio de 2015

SUS CONTINUADORES



Después del paréntesis del tiempo de Cuaresma y de Pascua, a lo largo del cual hemos intentado adentrarnos en los textos del evangelio de cada domingo, volvemos a coger el hilo que habíamos dejado, comentando cada parte de la celebración de la Eucaristía.
La última vez nos habíamos quedado en el canto del Santo, santo, santo, en el cual reconocemos al Señor como fuente de toda bondad, una fuente eterna que da vida a todos los seres. Así, una vez presentadas las ofrendas, y uniéndonos a la oración que hace el sacerdote, con Cristo Jesús pedimos al Padre que infunda su Espíritu en el pan y el vino, y en nosotros, que se lo presentamos, presentándonos nosotros mismos. También le pedimos que transforme el pan y el vino en criaturas nuevas y distintas, que a nosotros nos configure con la persona de Jesús, y que la acción del Espíritu nos haga continuadores de su misma persona, que en estos momentos se está actualizando.
Jesús se entregó y se quedó entre nosotros por siempre bajo la apariencia de pan y vino consagrados, y ahora nos invita a dejarlo entrar en nuestro interior a través de la Eucaristía. Intentemos ser conscientes de ello cada vez que la celebramos.