miércoles, 9 de septiembre de 2015

LA ENTREGA DE JESÚS Y LA NUESTRA



Con el deseo de ir penetrando todavía más en este momento central de la celebración, reflexionemos un poco más sobre la entrega de Jesús, que se actualiza cada vez que participamos en la Eucaristía. El deseo de Jesús es que su actitud se actualice y que se haga presente a todo el mundo por medio de las personas que quieren amar y entregarse tal como Él lo hizo. La entrega de Jesús es ilusionada; tiene una mirada universal; desea renovar cada persona y abrazar a todos; quiere permanecer presente en medio de todos los hombres y mujeres del mundo...
La voluntad de Jesús es que su entrega en la Eucaristía se actualice para que tengamos “vida en abundancia”, para que nos sepamos amados por Él y para que experimentemos el gozo pleno de su Resurrección.
Jesús Resucitado está presente dentro de cada uno de nosotros. Con Él seremos sus testigos; con Él no tendremos miedo de nada ni de nadie; con Él seremos instrumentos de paz y de unidad...
Si celebramos y actualizamos la radical entrega de Jesús, también nosotros nos entregaremos, con Él y como Él, a todas aquellas personas que lo necesiten.

miércoles, 5 de agosto de 2015

EL DON DE SU MISMA VIDA



Sigamos adentrándonos en este momento central de la celebración, un momento en que nos hace falta la luz del Espíritu para poder captar algún aspecto de la tensión emocional de Jesús.
Para las personas de aquella cultura, la sangre era la misma vida. Con esta visión tenemos que intentar entender la intencionalidad de Jesús: quiere darnos su propia vida para que vivamos tal como Él vivió: sirviendo, amando, perdonando, entregándose hasta el extremo...
Siempre que actualizamos el Misterio pascual, quedamos renovados y perdonados y más comprometidos a vivir tal como Jesús vivió. Su acción transformadora nos renueva y nos capacita para hacerse presente a los demás a través nuestro ya que, desde el Calvario, Jesús se convierte en perdón universal renovando a cada persona y al mundo entero. Este es el deseo profundo de Jesús: que sus mismas actitudes se actualicen en cada uno de nosotros y que se hagan presentes en todo el mundo.
Intentemos ser conscientes de ello cada vez que nos acercamos a celebrar el sacramento de la Eucaristía.

martes, 21 de julio de 2015

TOMAD Y COMED...



El siguiente paso en la celebración de la Eucaristía es la Consagración. Las palabras de la Consagración expresan la voluntad de Jesús de que todos deseemos tomar y comer su propia Persona porque quiere ser el centro de nuestra vida y la fuente de nuestra felicidad. Jesús es la plenitud de la vida y nos invita a participar de su misma vida. Por eso nos insiste a alimentarnos de Él mismo con su Persona Eucarística: “Tomad y comed todos”.
Es deseo de Dios que entremos dentro de los sentimientos de Jesús siempre, pero de una manera especial en aquel momento de la Cena en que quiso quedarse con nosotros antes de su Muerte y Resurrección; momento que sacramentalmente actualizamos tantas veces como el sacerdote consagra el pan y el vino: “Haced esto en memoria mía”.
Podemos imaginarnos a Jesús en la última cena siendo consciente de lo que aquello significaba para sus discípulos, para Maria, su madre, y para todo el mundo.
Intentemos, en la celebración de la Eucaristía, contemplar a Jesús en aquel momento eterno, y penetrar en lo más íntimo de su ser.

jueves, 25 de junio de 2015

SUS CONTINUADORES



Después del paréntesis del tiempo de Cuaresma y de Pascua, a lo largo del cual hemos intentado adentrarnos en los textos del evangelio de cada domingo, volvemos a coger el hilo que habíamos dejado, comentando cada parte de la celebración de la Eucaristía.
La última vez nos habíamos quedado en el canto del Santo, santo, santo, en el cual reconocemos al Señor como fuente de toda bondad, una fuente eterna que da vida a todos los seres. Así, una vez presentadas las ofrendas, y uniéndonos a la oración que hace el sacerdote, con Cristo Jesús pedimos al Padre que infunda su Espíritu en el pan y el vino, y en nosotros, que se lo presentamos, presentándonos nosotros mismos. También le pedimos que transforme el pan y el vino en criaturas nuevas y distintas, que a nosotros nos configure con la persona de Jesús, y que la acción del Espíritu nos haga continuadores de su misma persona, que en estos momentos se está actualizando.
Jesús se entregó y se quedó entre nosotros por siempre bajo la apariencia de pan y vino consagrados, y ahora nos invita a dejarlo entrar en nuestro interior a través de la Eucaristía. Intentemos ser conscientes de ello cada vez que la celebramos.

viernes, 29 de mayo de 2015

UN DÍA PARA NOSOTRAS



Desde hace unos cuantos años, el domingo de la Trinidad es el día dedicado a los hermanos y hermanas de vida contemplativa. Es como si, a lo largo de toda una jornada, los papeles se invirtieran. Día tras día, muchas personas se acercan a nuestras comunidades pidiendo ser atendidas y escuchadas, solicitando una plegaria por alguna de sus necesidades, anhelos, inquietudes... En cambio, en este día, es toda la Iglesia quien pide recordar a los contemplativos en la oración. Un día para tenernos presentes en el recuerdo y la proximidad, para ayudarnos a pedir a Dios que sepamos mantenernos fieles en nuestro camino de entrega hacia Él y hacia los hermanos y hermanas de todo el mundo.
Ciertamente, este domingo es un día para contemplar. Para contemplar el amor y la ternura del Padre, que nos ama infinitamente. Para contemplar a Jesucristo, el hermano mayor y compañero de camino, que nos invita a seguirlo y a vivir con sus actitudes y sentimientos. Para contemplar a la persona del Espíritu Santo, que es nuestra fuerza y nuestro consuelo, nuestra ayuda y nuestra defensa, nuestra compañía y nuestro guía.
Los hermanos y hermanas que estamos dedicados en todo el mundo a la vida contemplativa, a pesar de los diferentes estilos y maneras de vivirlo, tenemos la misión de ser alabanza de la Trinidad, de vivir con una dedicación y apertura al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Nuestra vida es realmente la vida de todo miembro del Pueblo de Dios, vivida hasta las últimas consecuencias. Todos estamos llamados a la oración, cada cual desde su lugar; y de todos Dios espera que caminemos hacia él con la confianza y la alegría que tienen los hijos hacia su padre, unidos a Jesucristo, dejándonos conducir por el Espíritu.
Os invitamos, en este domingo tan especial para nosotras, a unirnos a nuestra alegría para poder celebrar, un año más, junto con toda la Iglesia universal, este gran don.